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CRISTO EN LA CRUZ DE FRANCISCO DE GOYA.

LA EXPERIENCIA  DEL  ÉXTASIS EN LOS MÍSTICOS CRISTIANOS.

 Dentro de los hechos prodigiosos que se han dado en la Iglesia a través de la  historia se encuentran los fenómenos místicos, entre estos fenómenos uno de los más frecuentes es el éxtasis, de él queremos ocuparnos en este tema, aunque en este caso como no es habitual , sin ningún programa previo, dejaremos que unos cuantos textos nos hablen de esto  aunque sea de una forma asistemática:

 

HENRRI BERSONG.

1.-BERGSON Y LOS MÍSTICOS CRISTIANOS

A los ojos de Bergson los grandes místicos cristianos eran profundamente diferentes de los místicos no cristianos, griegos o hindúes, paganos o budistas.

Para éstos el éxtasis era la parada: el fin último buscado Por el contrario, los místicos cristianos daban la vuelta al movimiento que les llevaba al éxtasis; reconvertían la conversión devolviéndola del cielo a la tierra.

No se debe permanecer en el Tabor, sino descender hasta la ribera del lago y, caminar después hasta Jerusalén y el Calvario. Se trata de transformar el éxtasis en no-éxtasis.

¿Se puede proponer un nombre nuevo, énstasis? Tal será la vida de los mansos, de los pobres, de los de puro corazón, de los que sufren persecución.

 El místico así olvida al misticismo. “Ahora la unión es total y en consecuencia definitiva. Es una abundancia, una sobreabundancia de vida, un inmenso impulso, un empuje irresistible que lanza al alma a las más vastas empresas“.

En la vida del éxtasis el alma mística no ha dado aún a Dios su voluntad total; lo que explica su agitación, sus inquietudes, sus esfuerzos y sus temores. “Sobre todo el alma mística ve con simplicidad, y esta simplicidad que extraña tanto en sus palabras como en su conducta la guía a través de complicaciones que sólo ella precisamente no percibe”.( Cf. Bergson, L´Energie Spirituelle, PUF pp. 860 a 874.)

 SAN PABLO CAMINO DE DAMASCO.

2.-UNA EXPERIENCIA QUE PABLO DE TARSO NO SABE EXPLICAR.

12:1 Ciertamente no me conviene gloriarme; Aunque  vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor.

12:2 Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.

12:3 Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),

12:4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

12:5 De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades.

12:6 Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí.

12:7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera;

12:8 respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí.

12:9 Y me ha dicho: Te basta mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

12:10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

12:11 Me he hecho un necio al gloriarme; vosotros me obligasteis a ello, pues yo debía ser alabado por vosotros; porque en nada he sido menos que aquellos grandes apóstoles, aunque nada soy.

12:12 Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros. “ ( Cf.  2ª Carta a los Corintios : Cap. 12, 1-12 )

 

SAN FRANCISCO DE ASÍS EN UNO DE SUS ÉXTASIS.

3.- LA EXPERIENCIA EXTÁTICA  DESDE LA FENOMENOLOGÍA DE LA RELIGIÓN.

 En la vivencia del éxtasis la persona que lo experimenta aparecen unos determinados fenómenos psíquicos que con independencia de su realidad objetiva, son vividos por el sujeto, uno de estos fenómenos es el del transcendimiento, brevemente hablamos de él:

El sentirse trascendido es una situación en la que la persona se experimenta como sacada del orden natural y  mundano en el que habitualmente se desenvuelve siendo colocada en un ámbito completamente nuevo y que capta como absolutamente distinto y des-semejante.

            Los místicos cuando hablan de esta vivencia la expresan de acuerdo con sus categorías mentales, San Juan de Ávila, por ejemplo, expresa esta  situación con estas palabras

            “…totalmente muda y absorbe al hombre y lo saca fuera de sí…Deja al alma tan harta y tan otra que le parece resucitar de muerte a la vida”

            Esta nota se ve ilustrada por la valoración que de las cosas hace la persona tras las experiencias. Se le produce una relativización de todo que se traduce en un desinterés y despego . Una frase del maestro Ávila puede dibujar bien este aspecto. Hablando  de lo que la persona siente cuando entra en diálogo con Dios, afirma: “ que le es gran asco y gran tormento el tratar con ellas ( las cosas y tareas ordinarias) ( Carta 6)

            El trascendimiento tiene otro aspecto que conviene destacar: lo que la persona vive en su diálogo y encuentro con Dios, sólo puede ser alcanzado saliendo y olvidándose de si.

Este olvido de sí no es un ascético renunciamiento por el  que uno se priva de algo para alcanzar otra cosa mejor, sino la vivencia de que para alcanzarlo es necesario seguir un camino distinto del de los deseos y aspiraciones naturales porque este camino desenvoca siempre  en el hallazgo de algo igualmente natural, bienes, satisfacciones y felicidad naturales, muy distintas de las que experimenta cuando sale de sí.( Cf.  E. de María:La Madre está tras la Sarga. )

 ÉXTASIS DE SANTA TERESA DE AVILA. BERNINI.

4.-UNA SENCILLA  DESCRIPCIÓN SIN COMPLEJOS. “Yo suplico a la bondad de Dios que lo dé a gustar a quien pensare que miento.”

 “Ví a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal… No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrasan…

Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Éste me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios.

 Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios . No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto.

Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento… Los días que duraba esto andaba como embobada, no quisiera ver ni hablar, sino abrasarme con mi pena, que para mí era mayor gloria, que cuantas hayan tomado lo criado.( Cf Santa Teresa de Jesús, El Libro de la Vida. Autobiografía  cap. XXIX)

SAN JUAN DE LA CRUZ.

POEMA DESPUÉS DE UN ÉXTASIS.

Entréme donde no supe,/y quedéme no sabiendo,/toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba,/porque, cuando allí me vi,/sin saber dónde me estaba,/grandes cosas entendí/no diré lo que sentí,/que me quedé no sabiendo,/toda ciencia trascendiendo.

De paz y de piedad/era la ciencia perfeta,/en profunda soledad,
entendida vía reta;/ era cosa tan secreta,/que me quedé balbuciendo,/toda ciencia trascendiendo.

Estaba tan embebido,/tan absorto y ajenado,/que se quedó mi sentido
de todo sentir privado;/y el espíritu dotado/de un entender no entendiendo/toda ciencia trascendiendo.

Cuanto más alto se sube,/tanto menos entendía/que es la tenebrosa nube/que a la noche esclarecía;/por eso quien la sabía/queda siempre no sabiendo/toda ciencia trascendiendo.

El que allí llega de vero,/de sí mismo desfallece;/cuanto sabía primero/mucho bajo le parece;/y su ciencia tanto crece,/que se queda no sabiendo/toda ciencia trascendiendo.

Este no saber sabiendo/es de tal alto poder,/que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer;/que no llega su sabe/ a no entender entendiendo,/
toda ciencia trascendiendo.

Y es de tan alta excelencia/aqueste sumo saber,/que no hay facultad ni ciencia/que le puedan comprender;/quien se supiere vencer/con un no saber sabiendo,/irá siempre trascendiendo.

Y si lo queréis oír,/consiste esta suma ciencia/en un subido sentir/de la divinal Esencia./Es obra de su clemencia/hacer quedar no entendiendo,
/toda ciencia trascendiendo. ( Cf. san Juan de la Cruz :copla después de un éxtasis.)

ICONO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE ANDREI RUBLEV.

 5.-CONCLUSIÓN

Tres son las notas de la verdadera mística cristiana: trinitaria, cristológica, eclesiológica.

1.-La experiencia cristiana es trinitaria. La primera palabra del místico es Dios, conocido y experimentado como amor. Es el punto de llegada de toda experiencia el conocimiento de Dios como Trinidad.

Es típico de los místicos elevarse hasta la Trinidad y cantar el misterio de Dios Amor, la naturaleza divina como fuego incandescente de caridad y de amor interpersonal porque Dios es amor. ( 1ª Jn Los místicos son como un eco perenne de la palabra reveladora de Juan el evangelista “teólogo” y “testigo”: “Dios es amor” (1 Jn ¨

2.- La mística cristiana es cristológica. Los verdaderos místicos llegan siempre al conocimiento de la experiencia de Cristo en el misterio de su divinidad y humanidad, en los misterios de su vida, y en modo especial en la experiencia del Crucificado Resucitado. O también viven experiencias de comunión con Cristo, de perdón y de salvación, de comunión con su muerte y resurrección: Se ha hablado de la “Christomorphie de l’amour mystique”. El amor místico conforma a Cristo en su misterio pascual.

3.-Finalmente la mística cristiana es eclesial, en la Iglesia, para la Iglesia, experiencia de Iglesia, especialmente en la mística esponsal y en la apostólica o carismática o fundacional. ( Tomado de http://www.portalcarmelitano.org .)

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